Daños punitivos: una figura poco reconocida del common-law

daños punitivos

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Estamos ampliamente acostumbrados a tratar con el Derecho continental, es decir, el de tradición romana. Si, el que te hicieron aprender en primero de carrera con el Derecho Romano, que si Cayo, Sempronio y otros personajes que, con el tiempo, les cogimos cariño.

Somos unos verdaderos expertos en el Derecho Civil y todas sus vertientes. Ya conoces un poco como funcionan las demandas de hacer, no hacer o dar. Aunque, yendo un paso más allá ¿qué hacemos con los daños?

Aquí siempre hemos tenido el corazón partido: la cuantificación de los daños en el Derecho Civil es altamente complicado. Primero, que debes demostrar que los daños han existido y solo aquellos que han estado probados y que no nacen de la estricta lógica del pensar, los podremos pedir. También existe una ranura por la cual podemos añadir otro tipo de naturaleza de daños, los famosos daños morales.

Estos, más conocidos por ser un cajón de sastre, nos ayuda a equilibrar la balanza emocional de nuestro cliente. No obstante, siempre deben ser probados y es ahí donde nos volvemos a encontrar con un problema. Nuestro sistema legal aún no ha encontrado una solución agradable en tema de daños.

En lo que se refiere a la indemnización, tradicionalmente los ordenamientos jurídicos de origen romano-germánico han considerado que, en materia de responsabilidad civil extracontractual, se debe buscar que la reparación del daño llegue a dejar a la víctima en la situación en que se encontraba antes de la ocurrencia del hecho, pero en ningún caso puede implicar un incremento patrimonial que no corresponda estrictamente a los perjuicios ocasionados.

El resarcimiento del perjuicio, debe guardar correspondencia directa con la magnitud del daño causado, mas no puede superar ese límite. La explicación que se da de esta regla se apoya en un principio general del derecho: si el daño se indemniza por encima del realmente causado, se produce un enriquecimiento sin justa causa para la víctima. Es así el daño la medida del resarcimiento.

En otras palabras, esto siempre ha sido así, pero: ¿es suficiente esta medida de resarcimiento cuando la víctima -entiéndase desde la perspectiva civil- cuando los daños son gigantes y culposos? Pues es evidente que, para la víctima, no.

Es por ello que el Derecho Anglosajón creó una figura llamada daño punitivo o pena privada (punitive damages, punitory damage o vindictive damages), el cual constituye una institución de gran uso en el sistema del Common Law, principalmente en los Estados Unidos de Norteamérica.

Primero, como siempre, hagamos uso de las definiciones técnicas de esta figura tan curiosa y, a parecer de esta servidora, de imprescindible inclusión en nuestro ordenamiento jurídico.

Téngase en cuenta que por daños punitivos se entiende el mecanismo por el cual se condena a pagar una indemnización, que busca reparar la violación a los derechos constitucionales de los ciudadanos, ocasionados ya sea por funcionarios del gobierno o por los particulares.

Son las sumas de dinero que los tribunales exigen pagar con el fin no de indemnización compensatoria, sino como una sanción con fines ejemplarizantes.

El daño punitivo es igualmente conocido como daño ejemplarizante, daño retributivo o dinero picante.

Se ha entendido como una forma de pena privada, donde el beneficiario de esas sumas de dinero es la víctima del daño causado, lo cual hace de este un sistema tan particular y criticado.

A diferencia del Derecho continental –reparar el daño sin enriquecimiento por parte del agraviado- nos encontramos que los daños punitivos, aparte de ser ejemplificantes, también buscan esa gran suma de dinero para castigar al culpable de los daños.

Los daños ejemplares son daños en grado alto, adjudicado al demandante con lo que simplemente se le compensará por su pérdida, donde lo causado a él fue agravado por circunstancias de evidencia, presión, malicia o fraude y conducta indebida en la parte del defendido y es obligado a aliviar al demandante por angustia mental, perjuicio de su estancia, pena u otras agravaciones del daño original y castigar al defendido por su mal comportamiento.

Pero, evidentemente, no pueden aplicarse, así como así, requiere de una serie de características.

Según la posición, encontramos tres criterios, uno más estricto que los otros, para determinar cuáles son los requisitos que se deben cumplir para que proceda la aplicación de daños punitivos.

La concepción dominante de los Estados Unidos sostiene que no cualquier acto ilícito puede ser objeto de daños punitivos, pues se debe exigir la existencia de una particular subjetividad en la conducta del autor del hecho dañoso.

Es necesario que se produzca algo más que una mera negligencia en la comisión de un tort, según la doctrina y la jurisprudencia, es decir, deben presentarse circunstancias agravantes relativas al dañador, como temeridad, malicia, mala fe, malignidad, intencionalidad, perversión, actitud moralmente culpable o grosera negligencia.

Otra concepción, que es un poco menos estricta, se refiere a la mera indiferencia consciente para justificar la procedencia de daños punitivos.

El criterio más flexible, se consigna en algunos fallos que abren la posibilidad de aplicar el daño punitivo a demandados que cometan algún abuso en una posición de poder o de privilegio, aún sin un estado culpable de la mente.

¿PORQUÉ NO APLICAMOS DAÑOS PUNITIVOS EN EL DERECHO CONTINENTAL?

El daño punitivo es un beneficio injustificado para la víctima, pues al obtener una indemnización que va más allá de los daños sufridos, se estaría enriqueciendo a expensas del penalizado. Por lo rígido del sistema del Common Law, el daño moral es aceptado solo de forma muy limitada, por lo cual esto ha llevado a que muchas veces se repare ese tipo de daños con el ropaje de los daños punitivos.

Quien sufre un daño tiene derecho a ser resarcido de manera integral, de forma que todo monto superior al daño real es un enriquecimiento injusto para el damnificado. Sin embargo, se debe tener en cuenta que esta crítica se ve derrotada, al tener en cuenta que no nos podemos ubicar en el campo de la reparación del daño, sino que el daño punitivo está dentro del ámbito de la punición de ciertos ilícitos.

Seguidamente se añaden algunas de las críticas des del Derecho Continental a la aplicación de los daños punitivos: En primer lugar, hallamos la arbitrariedad en la decisión del jurado.

En materia de tasación del monto de indemnización, se ha criticado fuertemente esa gran discrecionalidad de la que goza el jurado al momento de fijar el valor, pues se dice que no existen medidas objetivas para la determinación del daño punitivo.

En nuestro sistema, la seguridad jurídica es imprescindible. La existencia de leyes y códigos que pretenden regular la vida en sociedad de manera integral busca, entre otros efectos, generar seguridad jurídica y previsibilidad de las decisiones para los individuos y para el Estado, lo cual se pone en duda si el juez tiene la posibilidad de actuar sin límites en ciertos campos.

Y claro, su presentación inconstitucional. Se afirma que los daños punitivos son violatorios de la Constitución, pues al ser sanciones de tipo penal, su aplicación dentro de un proceso civil resulta ser un desconocimiento de las garantías que la décima enmienda de la Constitución de los Estados Unidos brinda en los procesos penales. Además, se sostiene que muchas condenas por daños punitivos violan la octava enmienda, que prohíbe penas excesivas y crueles.

CASO MCDONALD’S Y EL DERECHO ESPAÑOL

McDonald’s, el gigante de las hamburguesas, fue condenado a abonar 2,7 millones de dólares por servir, de manera intencional, café a 80 grados centígrados, causando molestias severas a la compradora del café. Con posterioridad, la condena en concepto de daños punitivos sería reducida a 480.000 dólares.

Los daños punitivos constituyen un problema tanto para el aseguramiento de la Responsabilidad Civil, como para la contratación con entidades de países en los que la legislación, la costumbre o la propia jurisprudencia, contempla la posibilidad de una condena al pago de daños punitivos. En el ámbito del seguro de Responsabilidad Civil español, los daños punitivos se encuentran, habitualmente, excluidos de cobertura.

Además de esta exclusión de cobertura, ya tradicional, también operan los sublímites por víctima, siniestro y el límite agregado.

Más allá de la tradicional controversia doctrinal en torno al aseguramiento de multas y sanciones, en el sistema español de compensación de daños no tienen encaje ni los daños punitivos ni las condenas ejemplarizantes.

El principio a partir del que se articula el sistema de responsabilidad civil es el de reparación integral del daño, o de plena indemnidad, excluyendo, en todo caso, el enriquecimiento del perjudicado.

Así, en el ámbito civil, tanto en el artículo 1101 (responsabilidad contractual), como en el artículo 1902 (responsabilidad extracontractual) de nuestro vetusto Código Civil se contempla tan sólo el deber de indemnizar los “daños y perjuicios” o el “daño causado”.

En el ámbito de la responsabilidad contractual, en el contexto de daños y perjuicios causados en el (in)cumplimiento de una obligación, el artículo 1106 del Código Civil especifica que el lucro cesante se incluye entre los daños y perjuicios indemnizables.

Por su parte, en el ámbito administrativo, el artículo 106.2 de la Constitución Española consagra el derecho de los particulares a ser indemnizados por “toda lesión que sufran en cualquiera de sus bienes y derechos”. Sin entrar a valorar realmente los daños punitivos como opción.

Nos queda un largo recorrido jurisprudencial y legal para poder ver aplicados los daños punitivos en España, aunque, ya os adelanto, que los hemos visto en Europa en algunos casos de forma muy limitada y que, en próximos artículos, valoraremos si realmente se ha aplicado la figura de daños punitivos en los fallos de los magistrados europeos.

Hasta la fecha, seguiremos con nuestro Derecho Continental que, sin duda, sigue siendo amplio y de gran tradición y ya con él tenemos suficiente. Y si no estás de acuerdo con esto, te invito a que vuelvas a clases de Derecho Romano para comprobar cuan de complejo es nuestro Derecho.

McDonald’s, el gigante de las hamburguesas, fue condenado a abonar 2,7 millones de dólares por servir, de manera internacional café a 80 grados centígrados, causando molestias severas a la compradora del café.

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