El delito de estafa, storytelling de un caso de Mendiolaw

delito de estafa

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Cuando tienes un despacho y, sobre todo, si estás comenzando, sin duda, especializarte no es una buena opción. Te llegarán casos de todo tipo y para poder sobrevivir, realmente necesitas cogerlo todo –o casi todo-.

Este es un buen consejo, aunque claro, no te estoy animando a que cojas asuntos de los cuales no tienes ni idea, debes poder saber algo. Partiendo de esta base, aquí inicia mi storytelling de un presunto delito de estafa y como ha ido sucediendo todo.

Una compañera abogada, a la que me gusta llamar cómo “mi mentora” me pidió que la sustituyera en este procedimiento porque, como bien ya reconoces, jurista mío, los abogados no tenemos la capacidad de podernos doblegar y estar en dos lugares a la vez.

Aunque claro, no es la primera vez que esto sucede y ya existe el procedimiento habitual de substitución de un compañero en juzgados.

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Pues bien, mi mentora me remitió toda la información del caso y me pidió que me personara en la declaración de la testigo clave. Pero antes, dejadme que os cuente los hechos:
Había una vez un chico joven que vivía en Barcelona -he anonimizado el lugar y no pondré nombres, puesto existe el secreto profesional- y que quería independizarse de casa de sus padres.

Este chico joven, con toda su ilusión y comenzando una relación con una chica de su edad y maravillosa, comenzaron a buscar pisos en alquicer. Como ya sabéis, cada vez es más difícil el acceso a la vivienda para la gente joven, así que se pasaron meses ahorrando e intentando encontrar su futuro nidito de amor.

Después de tiempo buscando su futuro piso sin éxito, comenzaron a preguntar a gente de su entorno si conocían de alguien que pusiera en alquiler una vivienda.

Y, por desgracia, una compañera de trabajo de la chica le comentó que su madre estaba alquilando su piso. La parejita, contenta, fueron corriendo a conocer las condiciones del arriendo y básicamente consistían en dos meses de fianza más el mes en curso.

Vamos, que, en total, la parejita tenía que pagar 3 meses de alquiler de golpe. Y así hicieron. Con ello, se instalaron en el piso con toda la ilusión del mundo. Evidentemente, la pareja pidió a la arrendataria que les hiciera un contrato de alquiler –que es lo que se debe hacer- pero esta rehuía la petición de los arrendados.

Estos, hartos de evasivas, intentaron presionar a la arrendataria porque sin el contrato de alquiler no se puede cambiar el nombre a los suministros -véase agua y electricidad- y claro, no les pareció normal que al pagar los meses de fianza más el mes en curso tampoco la arrendataria les diera un comprobante de pago. Como ya estás pudiendo deducir, aquí se mascaba la tragedia.

El chico joven con cierta sospecha, pidió a una compañera de trabajo que le acompañara a abonar los 600 euros de alquiler de ese mes, dado que, frente a las irregularidades de la arrendataria, él quería dotarse de alguien a su lado, a ver si realmente sus inseguridades eran fundamentadas.

Pidiéndoselo, esta compañera de trabajo lo acompañó. Y efectivamente, el chico joven pagó el mes de alquiler y la arrendataria se negó, de nuevo, a hacerle un comprobante de pago. Además, se añadió que le comentó que tampoco le iba a hacer ningún contrato, puesto que no lo querían declarar a Hacienda.

Aquí te hago una pausa y si bien es cierto que todos tenemos obligaciones tributarias, el contrato de alquiler es un contrato por definición privado y, por tanto, no existe una obligación -más allá de la pura conciencia- de tributarlo.

La parejita, ya hartos de esta circunstancia, deciden preguntar a la abogada –mi mentora- que si todo esto es normal. Con buena pericia de la letrada, esta lo primero que piensa es “si no quiere la arrendataria hacer un contrato de alquiler será por algo”.

Claro, lo primero que fueron a comprobar es si realmente la arrendataria y supuesta propietaria del inmueble realmente era la propietaria del piso.

Y sorpresa: ¡No lo era!

Como ya habíamos deducido, la arrendataria no era la propietaria del inmueble. De hecho, existe un legítimo propietario del piso que arrendó la vivienda a la arrendataria y esta decidió, con ánimo de ganar más dinero, subarrendarlo.

Y todo este maneje sucede, evidentemente, a espaldas del propietario real del piso, que desconoce totalmente la situación de subarriendo. Aquí, vuelvo a hacer una pausa y añadir un disclaimer: en España, el subarriendo de vivienda, es decir, que una persona alquilada en un piso lo re-alquile a otra, no es ilegal.

Pero la exigencia legal para que esto pueda suceder necesita que el propietario esté informado del subarriendo, así como esté de acuerdo con él y que en el contrato de alquiler no esté estipulado lo contrario.

Después de explicar a la parejita joven que realmente el piso que habían alquilado, como terceros de buena fe, no les daba ningún poder real para poder seguir siendo alquilados, deciden denunciar a la arrendataria por delito de estafa.

Acompañados de mi mentora, proceden a interponer la denuncia y, días después, se cita al denunciante a que se ratifique en su denuncia, pues se trata de un agraviado y testigo.

Y aquí es donde entro yo. ¿Recordáis la compañera de trabajo que acompañó al chico joven a pagar uno de los meses de alquiler y vio cómo pagaba?

Pues esta chica es el testigo clave. Y hace falta que preste declaración en sede judicial. Así que, armada con mi pasante, nos fuimos a asistir como parte letrada en la declaración de la testigo y, con ello, hacerle una serie de preguntas para que constasen en la declaración y las pudiéramos usar después en el juicio.

En España, en subarriendo de vivienda […] no es ilegal. Pero la exigencia legal para que esto pueda suceder necesita que el propietario esté informado del subarriendo, así como esté de acuerdo con él.

Quedamos la testigo y yo unos 15 minutos antes de entrar en sede judicial. Me tenía que presentar, pues la testigo no sabía que yo la iba a acompañar -si sabía que iría con una abogada que se llamaba Andrea, pero no me había puesto cara aún.

Le explico que yo seré la abogada, que le haré unas preguntas sencillas, que cuente lo que sabe y que no se sienta nerviosa para nada. A su vez, le comento que es muy valiente personarse como testigo en cualquier causa.

Que está ayudando a una parejita que ha sido timada y que se necesitan personas que desinteresadamente aboguen por la justicia. Eso la hizo sonreír.

Las preguntas ya las traía preparadas de casa y básicamente eran para que constaran además de su declaración de los hechos, para tal de que quedara claro que vio el intercambio del dinero y la negativa de la arrendataria a hacerle un contrato de alquiler a la pareja.

Este era nuestro objetivo. La trabajadora de justicia que se nos asignó para la declaración era nueva en ese puesto de trabajo, así que la declaración se dilató más de lo auténticamente necesario.

Pero bueno, como ya sabemos, esto es normalmente así. Los funcionarios de justicia se pueden clasificar en dos grupos: los eficientes, que te resuelven todas las dudas, no juzgan tu inexperiencia y te acompañan en todo el procedimiento y, aquellos que deliberadamente deciden no ayudarte, no quieren resolverte dudas y tampoco te ponen tu trabajo más fácil.

Sabremos identificar de que tipo es cada uno a través de cómo se expresan oralmente. Si usan frases sin sujeto, son claramente del segundo grupo. Ejemplo “quizá lo que pides no se puede hacer”. Pero si te encuentras a un funcionario que responde con frases con sujeto “lo que pides te lo hago yo” es fantástico.

Después de la declaración y preguntas, me pude ir a trabajar. Confío que mi trabajo lo he hecho bien y que, sin duda, en el juicio salga a relucir la declaración de la testigo.

Y este es el típico trabajo de una abogada: defender la justicia y a la pareja desamparada, víctima de un delito de estafa. Por cierto, y como super consejo jurídico, siempre que estéis delante de un caso relacionado con la vivienda, aseguraros de quien es el legítimo propietario.

Este, sin duda, debe ser nuestro primer paso.

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