El matrimonio no tiene nada que ver con el amor

El matrimonio no tiene nada que ver con el amor

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Como ya hace más de un mes que pasó San Valentín, creemos que es el momento de abrir el melón sobre el matrimonio. Y es que haré mías las palabras de mi profesor de Derecho Civil II cuando nos anunció en clase que las siguientes sesiones irían sobre este tema “Estimados alumnos, hoy vamos a hablar del matrimonio, que no es más que una unión patrimonial que nada tiene que ver con el amor”.
Os prometo que aquel día de clase me enfadé mucho ¿cómo que el matrimonio no tenía nada que ver con el amor?

Mi niña Disney interior se estaba desintegrando por momentos. No obstante, y pasados los años, no puedo negar la importancia de las palabras tan acertadas de mi docente. Y es que, en el matrimonio, lo más importante es la gestión patrimonial y no las promesas de amor vacías.

Antes de entrar en materia y conocer los distintos regímenes matrimoniales que existen, vayamos a dar una vuelta a cómo se regula el matrimonio y como se puede contraer esta enfermedad que comienza en la primavera y acaba en el otoño.

El matrimonio


Los requisitos para contraer matrimonio, según los artículos 45, 46, 47 y 48 del Código Civil, son, en primer lugar, ser mayor de edad o emancipado. Eso implica que un menor de edad de 16 años, puede perfectamente contraer matrimonio. Aunque tranquilos, la media de edad de la contracción del matrimonio es mucho más alta, siendo los 34 años. Luego, será necesario que los contrayentes no estén previamente casados con otras personas.

Parece de obviedad, pero no lo es. En España la poligamia o la poliandria, es decir, poder tener varias esposas y maridos no está permitido. Así que, si uno de los contrayentes quiere formalizar el nuevo matrimonio y antes estaba casado, será preciso que pueda acreditar el divorcio.

El matrimonio pide que el consentimiento para ejercerlo sea totalmente libre y consciente. Es por ello que si algún contrayente estuviera afectado por deficiencias o anomalías psíquicas se exigirá dictamen médico sobre su aptitud para prestar el consentimiento. Así pues, se deberá manifestar los contrayentes, de forma clara e inequívoca, la intención de contraer matrimonio -vamos, lo que es conocido como prestar consentimiento-.

Aunque esto era muy frecuente en los siglos pasados, en la actualidad se exige que no exista parentesco directo entre los miembros del matrimonio. Esto parece de obviedad, pero, debo recordar que durante largos años era una práctica muy habitual –y, desgraciadamente, lo podremos ver en algunos países en la actualidad.

Tanto si quieres entrar en un monumento gótico precioso, como si quieres contraer matrimonio en un campo de girasoles, lo que no puede faltar para celebrar el matrimonio civil es un Juez, alcalde o funcionario competente. O, de ser religioso, hacerlo de las formas legalmente previstas. Igualmente, y decidas como decidas casarte, recordamos que la inscripción del matrimonio en el Registro Civil correspondiente es totalmente obligatoria.
El incumplimiento de alguno de estos requisitos puede ocasionar la nulidad matrimonial, que consiste en una sentencia que declara que un matrimonio nunca ha sido válido.

¿QUÉ PUEDE OCASIONAR LA NULIDAD MATRIMONIAL?
Pues bien, no pueden contraer matrimonio bajo pena de nulidad, los menores de edad no emancipados. Mientras el contrayente sea menor solo podrá demandar la nulidad cualquiera de sus padres, tutores o guardadores y el Ministerio Fiscal. Al llegar a la mayoría de edad, sólo podrá ejercitarla el contrayente menor, salvo que se convalide el matrimonio por haber los cónyuges vivido juntos durante un año después de alcanzada aquélla.
Tampoco podrán contraer matrimonio las personas ligadas con vínculo matrimonial previo y no disuelto, como hemos comentado anteriormente. Ni tampoco las colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado, vamos, que no puede haber vinculo estrecho de familiaridad. Aunque, déjame contarte por curiosidad científica, que la ciencia ha demostrado recientemente que hay las mismas posibilidades de engendrar un hijo con malformaciones si los progenitores son familia que si no lo son. Se considera, que la carga genética de enfermedades de progenitores familiares será más alta en algunas enfermedades, pero, en otras no.

Siendo el saldo genético neutro. Pero bueno, nosotros al Derecho, que es lo que nos importa.
También será declarado nulo el matrimonio contraído con un cónyuge condenado como autor o cómplice de la muerte dolosa del cónyuge de cualquiera de ellos. Aunque esto, puede ser objeto de dispensa por el ministro de Justicia.
También hará falta el certificado de nacimiento, certificado de empadronamiento, fe de vida y estado y una declaración escrita, que se presenta al juez encargado del Registro Civil, firmada por ambos contrayentes.

El incumplimiento de alguno de estos requisitos puede ocasionar la nulidad matrimonial, que consiste en una sentencia que declara que un matrimonio nunca ha sido válido.

HABLEMOS DE LA PASTA
En el matrimonio, los cónyuges tienen determinado legalmente su régimen económico matrimonial: gananciales, separación de bienes o partición. Sin embargo, en la pareja de hecho no existe ningún régimen económico matrimonial de los regulados en el Código Civil. Ahora bien, podrás adoptar los acuerdos que consideres convenientes a fin de regular los efectos económicos de vuestra unión.
“En la pareja de hecho, no existiendo un régimen económico tácito o expreso entre la pareja y sabiendo que no se aplica el régimen de gananciales de manera subsidiaria como ocurre en el matrimonio, una vez finalizada la convivencia de la pareja de hecho, cada miembro deberá acreditar sus derechos de manera particular sobre cada uno de los bienes que conformen el patrimonio común.”
El matrimonio exige de carácter necesario del régimen matrimonial. O, dicho de otro modo, La existencia de algún régimen matrimonial es consecuencia ineludible del matrimonio. Por lo tanto, no es inconcebible la existencia de un matrimonio sin un régimen matrimonial;

incluso si hubiese total silencio a la hora de decidir cuál establecer, se fijarían ciertas reglas jurisprudencialmente.
Dicho en términos más sencillos, la pareja puede elegir a qué régimen matrimonial atenerse. En caso de que no realicen esta elección, se establecerá con la unión el que está fijado por ley supletoriamente.
Por ejemplo, en España, en casi todas las Comunidades Autónomas está establecida la ganancialidad como régimen supletorio. Esto quiere decir que, salvo que los cónyuges expresen lo contrario, al formalizar su unión matrimonial lo harán en régimen de gananciales. No lo está, por ejemplo, en Catalunya, que por defecto se aplicará la separación de bienes como régimen matrimonial supletorio.
El régimen económico aplicable a cada matrimonio es determinado por ambas partes en las capitulaciones matrimoniales, sin otras limitaciones que aquellas establecidas por el Código Civil. A falta de capitulaciones, o cuando estas no sean eficaces, el régimen será el establecido por cada comunidad.


Como mencionábamos, se suele aplicar el régimen de gananciales, que a continuación lo conoceremos un poquito mejor.
Existen tres tipos de regímenes matrimoniales en España contemplados en el Código Civil general, a saber, de gananciales, de separación de bienes y de participación. Cada uno tiene sus particularidades, las cuales es importante entender y tener en cuenta cuando se va a decidir sobre este tema.


EL RÉGIMEN DE GANANCIALES
La sociedad de gananciales es el régimen más común. Se caracteriza principalmente porque en él se hacen comunes todas las ganancias y los beneficios que hayan obtenido los cónyuges durante el matrimonio.
Así, cuando una pareja se casa en gananciales y hacen común su patrimonio, diferenciamos dos tipos de bienes dentro del mismo:

Bienes privativos. Aquellos que tenían los cónyuges antes de que existiera la sociedad de gananciales, así como los inherentes a la persona, las ropas y todos objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor. También los bienes que sean adquiridos después por título gratuito.
Bienes comunes. Son los obtenidos por el trabajo o la industria de los cónyuges que pasan a ser comunes en la pareja. También los frutos y rentas que produzcan tanto los bienes privativos como los comunes y las empresas y establecimientos que han sido fundados durante el matrimonio.
En caso de separación o divorcio, puede ser complejo diferenciar qué bienes corresponden a cada miembro de la pareja. Para separar los bienes, lo que se hace es realizar un inventario de todos los bienes. De este modo, se establece que los bienes privativos son para el cónyuge al que pertenezcan; sin embargo, con los comunes se realiza un inventario del activo y el pasivo existentes y se procede a una liquidación. Para llevar a cabo este proceso es muy recomendable contar con la ayuda de un abogado profesional.
Especialmente en los casos complejos, y con el objetivo de evitar mayores confrontaciones entre los miembros de la pareja.


EL RÉGIMEN DE SEPARACIÓN DE BIENES
Se aplica en Aragón, las Islas Baleares y en Cataluña. En este régimen, se establece que cada miembro de la pareja tiene su propio patrimonio, sin que exista uno común. De este modo, cada uno de los cónyuges administra sus bienes. Así, cuando los cónyuges adquieran bienes conjuntamente, ambos aparecerán como propietarios de dicho bien.
Hemos de destacar que, en este caso, a pesar de que no existir un patrimonio común, ambos cónyuges han de aportar a las cargas matrimoniales. Pues así lo dicta el artículo 1438 del Código Civil. La principal ventaja de este régimen es que, en caso de separación o divorcio, la liquidación del patrimonio es más sencilla.

EL RÉGIMEN DE PARTICIPACIÓN
Cada uno de los cónyuges conserva su autonomía patrimonial durante el matrimonio, pero en caso de divorcio o separación se procede como una

sociedad de gananciales. En realidad, es un régimen que mezcla aspectos de los dos anteriores.
La liquidación que se realiza en caso de divorcio o separación sería similar a la del régimen de gananciales. Sin embargo, antes se realiza un inventario para determinar el patrimonio inicial y el final. Una vez realizado el cálculo se determina la participación que le corresponde a cada uno.
No obstante, a lo anterior, existen en el mundo otros tipos de regímenes matrimoniales que se les debe hacer mención:


OTROS REGÍMENES MATRIMONIALES
Existen otros dos regímenes típicos que, a pesar de lo controvertido de sus características, aún están vigentes en determinados países. En España, en concreto, no están contemplados por la ley.


Por desgracia, aún existe el régimen de absorción de la personalidad económica de la mujer por el marido. Es decir, todo el patrimonio de la mujer se transfiere al marido tras el matrimonio. Este régimen conlleva que la mujer no tiene ningún derecho ni durante el matrimonio en su disolución. Se trata de un concepto machista y degradante que no debe ser permitido por la ley.
También sigue vigente en algunas naciones el régimen de unión de bienes. En este supuesto, no se transfiere al marido la propiedad de los bienes, pero sí su administración y usufructo. De forma que la mujer conserva su derecho real de propiedad, pero no tiene ningún derecho de crédito.
Mi opinión: Durante muchos años, el matrimonio era totalmente forzado y, no sólo porque los matrimonios eran apañados por las familias para escoger a tu cónyuge, sino porque no había ni una alternativa real. Gracias a la sociedad que ha hecho un paso adelante, ahora son pocos los países que mantienen los matrimonios forzados como opción y, por suerte, España no es uno de ellos.

Es por ello que pido a los futuros cónyuges que, si quieren formalizar un matrimonio, lo hagan con gusto y alegría, ya que nadie les está coaccionando para que así sea. Así pues, antes de la celebración del mismo, pidan consejo a algún abogado o abogada para que les ayude a redactar las capitulaciones matrimoniales y dejar en acuerdo todos aquellos temas importantes y no dejarlos al arbitrio de un eventual divorcio a golpe de mazo de un Juez.
Y, mi último consejo sin duda será la famosa frase de la cultura popular española que dicta así “cásate con aquella persona de la cual no te importaría estar divorciado”.
Ah, ¡y que viva el amor!

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