Entrevista a Héctor Cuenca

hector cuenca

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Presidente y Fundador de Jóvenes Juristas, Héctor es un emprendedor y líder vocacional, lleva desde los 20 creando y gestionando proyectos, equipos, y convirtiendo las visiones de una generación en realidades.

Héctor se define como un humanista con formación legal, puesto que opina que la formación técnica y la especialización están genial, pero sin una formación global como individuo que nos conecte con la realidad de las personas y sus necesidades no tiene ningún sentido, y esto es algo de lo que cada vez son más conscientes los principales actores de nuestro mundo.
Su motivación es idear y poner en marcha soluciones que cambien la vida de las personas.

¿ESTUDIAR DERECHO FUE SIEMPRE TU PRIMERA OPCIÓN?
Como se puede deducir de la introducción, no precisamente (😅). Mi elección puramente vocacional habrían sido filosofía o ciencias políticas. Ahora bien: del mismo modo que creo que ningún background técnico tiene sentido sin una base humanista, en su momento entendí (correctamente o no) que toda la base teórica y humanista del mundo no tenía sentido para mí sin un área de ejercicio profesional donde ponerla en práctica. No quería ser solo un teórico.

Y si se trataba de elegir un área ‘técnica’ donde poner en relación con el mundo todo eso, lo tuve claro: Por un lado, como persona de letras no hay muchas áreas técnicas para elegir; y por otro: ¿qué disciplina mejor que el Derecho, que está tan presente en hasta el más aparentemente nimio detalle de la vida de las personas?

DESDE QUE TENÍAS 20 AÑOS TE LANZASTE AL MUNDO DEL EMPRENDIMIENTO. ¿CÓMO FUE LA EXPERIENCIA DE EMPRENDER? ¿QUÉ ES LO QUE MÁS MIEDO TE DABA?
En mi caso, y creo que como en tantas trayectorias vitales, el emprendimiento no fue tanto una elección como una llamada, el camino hacia el que parecía dirigirme la vida sin que yo tuviera mucho que decir al respecto.

Por un lado, desde relativamente pequeño y debido a mi situación personal y familiar tuve que adoptar en el ámbito doméstico posiciones de relativo liderazgo y gestión distintas a las que me habría tocado por edad, hasta el punto de que para cuando tuve edad de trabajar (siquiera potencialmente) no me veía a mí mismo en una posición distinta a la de liderazgo: Nuestras experiencias de infancia y adolescencia nos marcan, y si en el ámbito en el que menos deberías ser una figura de autoridad o referencia (como es la familia a esas edades) ya te has acostumbrado a serlo, dudosamente puedas luego aceptar tener un jefe o ver cómo las cosas en tu lugar de trabajo no se hacen como crees mejor.

Eso por un lado, pero por otro y con ese marco mental: ¿Dónde con 20 años me iban a dar una posición de liderazgo, teniendo en cuenta además que estaba (estoy) estudiando, que mis horarios no serían regulares, que no era precisamente un ejemplo de disciplina y buenos hábitos laborales, etc.?

Si quería estar ahí, ‘vivir sin jefes’, tenía que demostrar que era mi sitio y que podía hacerlo. Y a esas alturas tan tempranas de la vida, la única manera de demostrarlo era hacerlo por mí mismo. Ponerme yo en esa posición y ver si la podía mantener.

A eso añadimos que por la misma situación personal y familiar antes comentada yo a esas alturas ya estaba viviendo fuera de casa, y necesitaba buscarme la vida y generar ingresos para mantenerme. Con ese panorama: ¿Quién me iba a dar un trabajo, remunerado, con horarios adaptados a la carrera, con 20 años y sin experiencia previa reseñable, y además en una posición que enlazara con lo que percibía era el camino profesional que debía hacer en base a mi enfoque y mis capacidades? El emprendimiento fue más necesidad que elección.

Así que, en cierto modo, no es tanto que tuviera miedo a emprender como que mis miedos me empujaron a emprender: El miedo a no saber si podría vivir del emprendimiento, el miedo en definitiva a no poder pagar el piso o la comida ahí estaban, por supuesto (y por bien que te vaya como emprendedor, estando como estás un poco solo frente al mundo) es un miedo que siempre habitará en la trastienda de tu cabeza dispuesto a salir en cuanto haya cualquier bache, y con el que tienes que aprender a convivir.

Pero el miedo a no cumplir el que creía mi destino, a tener que coger un trabajo cualquiera (como tanta gente) solamente para poder tirar adelante, a tener que abandonar los estudios o postergarlos eternamente (aunque eso en cierto modo como emprendedor también me ha acabado pasando), a mirar atrás cuando fuera mayor y ver que no había cumplido ni intentado cumplir mis sueños… Ese miedo era mucho más potente, y ese miedo me obligó a tomar acción.

El miedo no siempre es malo. Puede ser un excelente motivador si se gestiona bien.

¿QUÉ SE SIENTE AL CREAR UNA ASOCIACIÓN CON TANTA REPERCUSIÓN COMO JÓVENES JURISTAS? ¿CÓMO LO HICISTE?
Creamos Jóvenes Juristas desde una base muy sencilla: Respondiendo a la simple pregunta ‘¿Qué problemas tengo yo como estudiante de Derecho (o doble grado, o másteres jurídicos), qué me preocupa de verdad que ningún actor (universidades, instituciones, etc.) esté tratando (al menos de forma efectiva) de solucionar, y cómo puedo solucionar eso?

Y encontramos que había un clamor común a todo estudiante de Grado/Doble Grado/Máster, como mínimo de la pública que es donde estudiábamos nosotros, un clamor que venía tal vez de otros sitios pero que se había asentado ya incluso en una carrera con salidas tan tradicionalmente consideradas ‘seguras’ como el Derecho: La falta de contacto con la realidad profesional, el desconocimiento de cómo es de verdad ejercer la abogacía (o cualquier otra salida profesional de la carrera), el miedo al ‘qué voy a hacer y qué va a ser de mí cuando salga de la facultad’, la desmotivación fruto de esa mezcla de incertidumbre (endémica ya a nuestra generación criada entre dos crisis en esta como en cualquier otra carrera) y pérdida de vocación por solamente conocer tu futuro en su vertiente teórica, a través de los manuales.

El miedo no siempre es malo. Puede ser un excelente motivador si se gestiona bien.

Y como creíamos que sabíamos cómo solucionarlo (o ayudar a solucionarlo, al menos), nos pusimos manos a la obra.

Dicen que para emprender un proyecto de éxito tienes que conocer muy bien qué necesita tu público objetivo para poder proveerles de una solución. Yo en ese sentido siempre he hecho ‘trampas’: Mi público objetivo siempre soy yo, siempre me baso en los problemas que yo tengo y que creo pueden ser universalizables. Y en eso Jóvenes Juristas no ha sido una excepción, y parece que era el enfoque correcto.

En cuanto a qué se siente: es una locura. Una auténtica locura. No importa las pelis que te hayas montado en tu cabeza, absolutamente nada te prepara para el éxito y menos para el tipo de éxito que ha tenido Jóvenes Juristas.

Al ser un proyecto en qué tanto el problema que se aborda como las soluciones son tan vivenciales, en las que tanto en la comunicación como en la puesta en práctica hablamos tan de tú a tú con el público, en el que conectamos tanto (porque al final lo dicho: Creamos esto porque nuestros problemas son los suyos; nuestros miedos son los suyos; hasta nuestro éxito es una imagen del que podría ser el suyo si descartan esos miedos y se lanzan a intentar cumplir sus sueños), en el que además la gente que pasa por nuestros programas (tanto Law Practice School como la actividad ordinaria de la Asociación) tiene la sensación de haber encontrado en muchos casos una especie de luz al final del túnel, la clave para solucionar una preocupación genuina y profunda que tenían antes de conocernos, al final se crea una comunión y un sentido de pertenencia súper bestia hasta niveles que es que si los cuento suenan increíbles. Hay gente con el logo de Jóvenes Juristas tatuado, por el amor de Dios…

Pero el éxito puede ser algo peligroso: es muy fácil caer en creerte un rockstar, en pensar que eres ese éxito, que es algo consustancial a ti y a tu proyecto.

Y no, es solamente tu trabajo, lo que haces por los demás, lo que te pone en esa posición. Y eh, está genial disfrutarla mientras dure, pero no puedes olvidar lo que te ha llevado allí. Uno, porque entonces todo el proyecto pierde el sentido, y dos, porque en cuanto dejes de hacerte merecedor de los aplausos, desaparecen… Y si te has acostumbrado a vivir con ellos, eso puede ser muy jodido. Al final las cosas funcionan cuando las haces porque crees que son lo que debes hacer, cuando las haces porque crees en ellas, no por lo que te puedan reportar…

Así que aunque suene tópico es súper importante mantener los pies en el suelo y recordar por qué haces lo que haces, y que el éxito sea en todo caso una consecuencia, no el objetivo.

¿CÓMO CONSIGUES LLAMAR LA ATENCIÓN DE LOS JÓVENES JURISTAS EN UN SECTOR TAN COMPETITIVO? ¿CREES QUE LAS REDES SOCIALES SON FUNDAMENTALES PARA LOS JÓVENES ABOGADOS DE HOY EN DÍA?
En el Derecho como en cualquier otra cosa, la clave para llamar la atención es diferenciarte, es conseguir esa mezcla entre ‘wow’ y ‘WTF??’ con cada cosa que haces, cada producto, cada comunicación. Pero no basta con el hype por el hype o la polémica por la polémica: tiene que tener un sentido, tiene que conectar con los valores de tu marca, que a su vez tienen que conectar con los sentimientos y necesidades de tu público objetivo.

En nuestro caso, optamos por ese concepto de ‘el trap del Derecho’, comunicando de manera súper rompedora, prescindiendo de formalidades, hablando a la peña de tú a tú y con el lenguaje propio de a quien aspiramos a ayudar. El estudiante de Grado, Doble Grado o Máster, que al final es un chaval de 18 a 25 años de 2022 que como tal comparte el marco cultural y las referencias de cualquier chaval/a joven de la actualidad.

Es súper importante, o en nuestro caso lo es al menos, no confundir tu sector con tu público. La abogacía, el sector legal, y sus modos de comunicar pueden ser todo lo clásicos que quieran (tal vez hasta tienen que serlo, en cierto modo, para apelar a su público objetivo que no es si no el abogado, en el caso de las instituciones, y el cliente final, en el caso de los despachos; aunque eso sería otro debate ya que gente como Preico Jurídicos, Lawtips o Xavi Abat ya demuestran también que incluso en eso se puede ser rompedor). Pero nosotros no somos una institución del mundo del Derecho sin más, somos una institución por y para estudiantes, y son sus códigos los que tenemos que usar, sus realidades a las que tenemos que apelar.

De ahí los memes, las referencias traperas, el lenguaje hasta descarado. Pero todo eso hay que hacerlo desde la autenticidad. No vale que sea impostado. Nosotros usamos ese lenguaje y esas referencias porque de verdad las sentimos como propias. Como dijimos cuando sacamos nuestra línea de ropa ‘Kill Your Idols’ “No es estar de fiesta o escuchar trap lo que nos hace diferentes: es decirlo públicamente en un sector ultra-tradicional y demostrarte que gente como tú, normal y corriente como cualquier hijo de vecino, puede llegar donde quiera si se lo plantea. Esa es la mayor lección y el mejor ejemplo que os podemos dar. Los únicos que conocemos”

Respecto a tema RRSS, solamente puedo hablar de nuestra experiencia y desde luego en nuestro caso fueron fundamentales. Todo nuestro crecimiento ha sido a través esencialmente de Instagram. Pero creo, así a un nivel más general, que tiene que ver con lo mismo que todo lo demás: conocer a tu público objetivo. Si tiras a estudiantes, va a ser fundamental estar en las RRSS más jóvenes (Instagram, TikTok).

Si tu proyecto es un B2B para abogados y abogadas probablemente tenga más sentido petarlo en LinkedIn. Todo tiene que tener un sentido.

¿RECOMENDARÍAS EL EMPRENDIMIENTO? ¿QUE CONSEJOS LE DARÍAS A UNA PERSONA QUE QUIERE EMPRENDER?
Creo que hay dos tipos de emprendimiento esencialmente diferentes. Por un lado, montar por ti mismo un negocio tradicional (un despacho de abogados, por ejemplo), que al final le das tu toque y tu manera de hacer pero el modelo de negocio ya existe y está probado que funciona por generaciones y generaciones antes que tú.

Por otro, y es algo muy diferente, el concepto de start-up en sí: montar algo que no existía antes de que tú llegaras, identificar un problema que nadie ha solucionado hasta la fecha, e idear una solución viable que además sea potencialmente capaz de sostenerse económicamente por sí misma (y sostenerte a ti y a quienes hacéis posible que ocurra, que es igual de importante).

En ambos casos, pero sobre todo en el segundo, creo que hay un factor mental imprescindible, una cierta necesidad de ser cierto tipo de persona: con resiliencia, independiente, dispuesto a cargar con toda la responsabilidad, con un grado tal de autoconfianza que a veces desde fuera hasta parezcas un flipado y una fe ciega casi hasta la temeridad que te hagan tirar adelante cuando las cosas no van bien: Tanto en el inicio (que en todo proyecto va a ser deficitario o de resultado cero) como en cualquier bache que puedas tener.

Creo que, más allá de un determinado set de habilidades (que al final pueden adquirirse), el emprendimiento es una cuestión de personalidad y un asunto en que ya no el éxito o el fracaso si no el mismo hecho de poder aguantar el tirón el tiempo que haga falta es un asunto ante todo psicológico.

Creo que hay que decirle más a la gente eso: emprender mola mucho, por supuesto, pero que reflexionen bien si de verdad se ven en esas, porque va a haber siempre un factor de incertidumbre, de estar tú solo frente al abismo, que si no saben lidiar con él puede comérselos.

Como toda gran vocación, creo, no debe ser tanto algo que eliges tú como algo que te elige a ti, algo que te sale de dentro, algo que sientes que es lo que debes hacer porque es el único camino que hay o que te deja el mundo hacia ser lo que tú quieres ser. Como en el poema de Bukowski “Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas”. La vocación auténtica, la pasión irreductible, es lo más esencial. Todo lo demás se aprende. Si eso no está, o deja de estar en algún momento, todo lo demás da igual.

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