Hablar bien, ¿es posible?

hablar bien es posible

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Hablar bien ¿es posible? En este artículo te lo resolvemos. El éxito de un jurista se basa en su capacidad para escribir y para hablar. Vamos, hablamos de habilidades comunicativas en general. En esta ocasión, le daremos más importancia a la oralidad.

Pero ¿por qué es tan importante ser un buen orador? Porque nuestro trabajo básicamente se trata de la seducción y la persuasión con las palabras, si no, fíjate en esto: tenemos que defender los intereses de nuestro cliente delante del juez con una fantástica oratoria y, además, deberemos ser capaces de convencer a nuestros clientes de que nos contraten.

Y todo esto, se basa en las habilidades comunicativas, así que, comencemos con algunos tips imprescindibles:
En primer lugar, deberemos conocer por qué nos cuesta tanto hablar en público. Y es que, cuando preguntamos a los juristas qué hándicap nos encontramos ante la oralidad, lo primero que sale a relucir es el famoso miedo a hablar en público.

El miedo a hablar en público es una emoción más habitual de lo que parece que se expresa como una sensación muy desagradable.

Esta sensación se da en el momento de hablar en público, pero también en los momentos previos y durante el periodo de tiempo en el que la persona sabe que deberá hablar en público, y ya sabes de qué sensación estoy hablando. Ya sea para defender un trabajo en la universidad, presentar una propuesta en el trabajo o hacer un discurso delante de un Tribunal.

El miedo a hablar en público se debe a la percepción de peligro, es decir, a la creencia de que hablar en público conlleva algún riesgo. Por ejemplo, hacer el ridículo, hacerlo mal, que los demás piensen que no sabes, etc.

Pero la realidad es que no existe un peligro tan grande como para tener una reacción de miedo que nos incapacite a hablar en público. Todo está en nuestra mente y en la interpretación desadaptativa de la realidad. Como mucho, a lo largo de tu vida, te quedarás en blanco en 2 o 3 ocasiones.

Y de esas, con una pequeña pausa, podrás retomar la exposición. Así que, eso no debería ser un problema (y es que no lo es).

La emoción de miedo, lleva asociada la acción de evitación y de huida. En caso de que se huya de la situación y se evite hablar en público, el miedo se reforzará y se fortalecerá.

Por tanto, si quieres perder el miedo a hablar en público, lo mejor que puedes hacer es afrontar la situación. Para ello, te propuse en un artículo anterior que te apuntaras al Club de Debate de la Facultad de Derecho. Y, aunque no quieras debatir como tal, te ayudará a perder ese famoso pánico escénico.

Mis principales consejos son cuatro. El primero es que observes a oradores y capta sus trucos. Fíjate en la gente que habla en público, qué aspectos tienen en común, qué detalles te llaman la atención.

Puedes buscar uno o varios referentes. Observando a los demás, sabrás por dónde empezar. Recuerda que los humanos aprendemos gran parte de nuestros conocimientos gracias a la imitación. Y este es el siguiente consejo: imita a tus referentes o personas que te guste como hablan ante los demás.

Busca un momento de tranquilidad, ponte en la piel de un orador e imítale copiando las técnicas que utiliza al hablar en público.

Como todo en la vida, esto requiere de práctica. Todas las habilidades prácticas se aprenden repitiendo una y otra vez.

Aprender a dar discursos ante los demás se aprende con la práctica. Sabemos que cuesta, pero, busca aquella audiencia con la que te sientes cómodo. Incluso contigo mismo. Lánzate a intentarlo.

Mi último consejo es que debes poder identificar los errores. No pretendo hundirte, sino que siempre hay algo que se puede mejorar. Sé consciente de los fallos, elige uno de ellos y céntrate en ese para mejorarlo. Cuando hayas adquirido ese aprendizaje, identifica otro error y sigue el mismo procedimiento.

Pero claro, estos cuatro puntos son muy fáciles de escribir y difíciles de llevar a la práctica ¿cierto? Pues bien, sabemos que hablar en público te va a generar nervios si o si –incluso a los oradores más experimentados les pasa cada vez que se enfrentan a una audiencia-. Pero el truco está en no parecerlo.

Veámoslo juntos:
Podemos hacer una lista de los doce puntos principales para podernos enfrentar a la oralidad o, mejor aún, mejorar aquello que ya sabemos hacer, es decir, hablar, pero en esta ocasión sin que nos tiemble la voz o sin que se nos muevan los papeles en las manos por el tembleque nervioso.

Es posible aprender la habilidad de orar mediante el conocimiento y la aplicación de las técnicas para hablar en público sin servíos y la práctica de las mismas. A continuación, exponemos aquellos doce puntos más importantes:

hablar bien es posible

CREER EN UNO MISMO
Ya, parece una obviedad, pero es así: Aumentar el nivel de seguridad en uno mismo es la clave del éxito. Debemos de estar convencidos de nuestras palabras y saber lo que decimos. Eso nos aportará seguridad. Se puede trabajar en aumentar la autoconfianza, pues, para hablar en público, es de gran importancia creer en uno mismo. Debes confiar en ti mismo, en tus capacidades y en tus conocimientos. Una de mis fórmulas fantásticas para aumentar mi autoestima delante de mis ponencias es vestirme guapa. Es decir, buscar un outfit en el que me sienta cómoda y a la vez profesional.

Eso es una inyección de seguridad que me hace poder salir al escenario sintiéndome la reina del mismo. Hago mío el espacio, me muevo por él y me repito para mí misma todo el rato “este es tu momento, Andrea”. Y así me lo creo. Es mi minuto de gloria hablando y me imagino que ya lo he hecho bien. Y justo en ese momento, comienzo a hablar. Igual me sucede con un cliente que me llama, pienso que ya es mi cliente, que no se va a ir con otro abogado. Y así, aumento mi autoconfianza y genero más éxito.
Aumentar el nivel de seguridad en uno mismo es la clave del éxito.

NO JUZGARSE
Lo importante no es el orador, sino el discurso. El público, seguramente, no va a observar y evaluar al orador, va a escuchar un discurso. Por tanto, lo importante es lo que se transmita y lo que se aporte al público, la información y la sensación que el cliente o el Tribunal se lleva de ti. Tranquilo, todos pasamos por situaciones así y todos nos equivocamos cuando hablamos, incluso los profesionales de la televisión se equivocan pronunciando palabras.
Debemos de estar convencidos de nuestras palabras y saber lo que decimos.

IGNORAR LOS NERVIOS
Es normal sentir cierta activación del organismo, como, por ejemplo, aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, sudor en las manos, leve temblor y excitación general. No pasa nada, simplemente el organismo se está activando para hacer frente a un desafío. El corazón bombea más rápido para irrigar todas las zonas de nuestro cuerpo, así como la respiración se acelera para proporcionar oxígeno. Los músculos se preparan para el movimiento y aumenta la temperatura corporal. Todo el cuerpo está listo para ayudarnos a afrontar el reto de dar el informe final delante del Juez o tratar con el cliente. No es necesario darle más importancia de la que tiene. Porque te juro, que no la tiene.

APRENDER TÉCNICAS DE RESPIRACIÓN Y RELAJACIÓN
En caso de que los nervios incapaciten para hablar en público, que lo hacen, te lo digo yo que me pasa cada día, se deberá aprender técnicas de respiración, como la respiración diafragmática, y de relajación, como la relajación muscular progresiva de Jacobson. Para poder ponerlas en práctica y conseguir un descenso de la activación fisiológica. Y te juro que funciona. Respira profundamente varias veces antes de enfrentarte a algo en la vida que te da miedo o te hace sentir incomodo. Sea lo que sea, puede esperar los 10 segundos que tardas en respirar tranquilamente.

IMAGINAR
Hacer un ejercicio de imaginación. El cerebro, en ocasiones, no distingue la realidad de la imaginación. Por eso, es bueno imaginar previamente la situación en la que uno mismo habla en público adecuadamente con el máximo detalle posible. Vamos, como mi auto convencimiento de “Andrea este es tu momento”

Cuando se hable en público, el cerebro no interpretará esta situación como totalmente nueva, porque para él ya ha sucedido, aunque sea en imaginación. Por eso, te pido que antes de comenzar una exposición, pienses en que ya la has hecho y ha salido genial. Parece una tontería, pero te prometo que funciona.

DOMINAR EL TEMA
Conocer a fondo el tema a exponer proporciona las bases para un buen discurso, sea cual sea este, desde una mayor sensación de autoconfianza,
hasta un mayor conocimiento para preparar los puntos importantes de tu exposición y también poder contestar las preguntas que el Tribunal pueda plantar. En el caso de atender a
un cliente, te pediré que antes de hablar con él, te plantees qué tema de consulta te va a traer y que refresques un poco la memoria sobre aquello que ya sabes. Si no puedes adivinar la consulta, te propongo que le dejes hablar mucho sobre los hechos que le han llevado a ti y, mientras habla contigo, tu
puedas ir pensando la resolución. Así ganas tiempo y pareces un abogado mucho más profesional.

TENER CLARO EL OBJETIVO
Tener claro el objetivo de tu exposición. Es necesario para tener un punto de referencia presente en todo momento. Saber qué queremos comunicar y qué debemos transmitir para que guíe tus palabras. ¿Quiero conseguir ganar este juicio?
¿Quiero captar a este potencial cliente? Deberás modular tu lenguaje y, si me permites, darte el consejo de que, con los clientes, nunca uses largas palabras grandilocuentes del Derecho. Háblales de tú a tú, con cercanía y un lenguaje que se entienda.

CONOCER A LA AUDIENCIA
No siempre vamos a poder conocer al Juez o al cliente, como ya he comentado en el punto anterior. No obstante, podremos desgranar pequeños detalles y darnos cuenta de cómo son. Eso permite adaptar tanto la información como la manera de hablar. Si el juez está mirando el móvil, intenta mirarle a los ojos y no a la parte contraria, puesto que no vas a poder convencer al abogado contrario de algo, pero si al Magistrado.

De igual manera, cuando trates con el cliente, es muy importante que le mires, le atiendas, como si fueras tan cercano como un familiar suyo. Es necesario ponerse en el lugar de tu audiencia y hacerte entender.

PREPARAR EL DISCURSO
Es primordial preparar muy bien qué decir y como decirlo, es decir, planear un guion con el esqueleto del discurso. Las primeras veces que se habla en público, cuanto menos se deje al azar, mejor. Se recomienda empezar a preparar el guion por la conclusión y continuar
trazando el camino para llegar a ella. Para un discurso de conclusiones en Juzgado eso es importantísimo. Claro que, no podrás escribir todo el discurso, puesto que la valoración de prueba la harás en el momento que suceda, pero si puedes tener alguna parte de tu discurso ya preparada. Eso también te aportará, en cierta medida, seguridad.

SER NATURAL
Se recomienda optar por la sencillez, la facilidad y la claridad. Utilizar un vocabulario comprensible y procurar no divagar ni perder el hilo de las explicaciones. Ser claro e, incluso, un poco autoritario con tus convicciones nos irá bien tanto para tratar un Juez como para un cliente. Debes demostrar que tú ya eres así y que tu discurso se adapte a tu forma de ser. Carece de sentido que hagas un discurso muy formal si tu personalidad es más bien divertida. No te preocupes, debes ser tú mismo siempre.

UTILIZAR EL HUMOR, SI PROCEDE
En situaciones en que el uso del humor sea adecuado, este permite amenizar el discurso y conectar con quien o quienes te estén escuchando También suscita la sonrisa y favorece la predisposición a mantener la atención. Es cierto que en pocas ocasiones podremos utilizar este tip pero, créeme, hacer sonreír al cliente es la mejor forma de ganárselo.

HACER UN CORRECTO USO DEL SILENCIO
Una pausa en el discurso sirve, por ejemplo, para dejar un espacio a quienes te escuchan para procesar la información y reflexionar. En este caso, se utilizaría tras una frase importante, una explicación de peso o la formulación de una pregunta. Por otra parte, el silencio permite llamar la atención y crear expectación. En este caso, se puede utilizar antes de contestar a una pregunta, antes de seguir con una parte importante del discurso o antes de desvelar una información.

Y fin. Creo que con estos tips ya puedes convertirte en un experto orador. Y no lo digo en broma. Desde que naciste, comenzaste a hablar. Llevas practicando toda la vida el uso de la oratoria. Así que, sólo hace falta pulir algunos detalles y salir a brillar.

Hacer sonreír al cliente es la mejor forma de ganárselo.

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