La mutilación genital femenina y su regulación

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¿QUÉ ES LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA?

La mutilación genital femenina (MGF) afecta actualmente a más de 200 millones de mujeres y niñas de diferentes países ubicados en África, Asia y Oriente Medio principalmente. Se trata de una práctica ancestral y muy arraigada en ciertas sociedades, pero debido a la globalización y al flujo migratorio de los últimos años, han comenzado a llegar a países occidentales casos de niñas y mujeres mutiladas.

La MGF es un signo y a la vez una consecuencia de la desigualdad histórica entre mujeres y hombres a nivel mundial. Esta desigualdad no está erradicada por completo en ningún país del mundo, pero sería injusto afirmar que todas las mujeres sufrimos el machismo con la misma intensidad.

Como hemos dicho, la mutilación genital femenina no es un fenómeno que se limite únicamente a la escisión de una parte de los genitales femeninos, sino que el concepto abarca todo un conjunto de creencias en el que respaldan su práctica.

La OMS define a la MGF como “práctica que comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”.

Y desde un punto de vista más antropológico Adriana Kaplan y Nora Salas Seoane, de la fundación Wassu-UAB4, definen la MGF como “una práctica tradicional con fuertes raíces ancestrales que se ve respaldada por una complejidad de significados simbólicos y culturales”.


¿LA MGF ES VIOLENCIA DE GÉNERO?
Según la ONU, la violencia de género es “todo acto de violencia que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer”.

No obstante, la violencia de género hay que entenderla como algo mucho más transversal y complejo, pues se trata de una violencia que está arraigada en la sociedad y que a veces es difícil detectarla y, por tanto, erradicarla.

En el caso de la MGF, los factores sociales y culturales son la base. La práctica está vinculada a razones religiosas, étnicas, de género (feminidad), de estética, de sexualidad, de matrimonio y, por supuesto, de socialización.

Los testimonios de mujeres mutiladas son desgarradores y en ellos se refleja un dolor que va mucho más allá de las complicaciones físicas que sufren de por vida tras la mutilación genital: problemas de micción y cicatrización, infecciones vaginales, menstruaciones y relaciones sexuales dolorosas, problemas durante el embarazo, el parto y el posparto.

Su salud mental también se ve mermada: traumas, estrés postraumático, ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, de sueño y de humor. Podemos afirmar que, efectivamente, la mutilación genital femenina es violencia de género.

LA MGF EN EL DERECHO INTERNACIONAL
El tratamiento de la mutilación genital femenina en el ámbito internacional no ha sido siempre uniforme.

Ahora es indiscutible de que se trata de una clara vulneración de los derechos humanos de millones de mujeres y niñas en todo el mundo, pero varios factores han impedido durante años que la MGF fuese considerada como un acto de violencia de género.

Se trata de una práctica ejercida por parte de familiares o de un entorno cercano y no por parte del Estado, y eso ha hecho que la MGF se considerase como un asunto “privado”.

Además, al ser una cuestión cultural muy arraigada, se temía que condenar la MGF en nombre del reconocimiento de los derechos humanos universales se viese como un acto de imperialismo cultural.

La globalización es un fenómeno actual que nos acerca a un mundo variado y diverso en el que la migración, a pesar de ser tan antigua como la misma humanidad, se da de forma masiva y regular. Esto ha acercado poblaciones y diferentes culturas, dando lugar al desafío del multiculturalismo.

Se trata de un reto para el Derecho Penal de orden internacional que ha asumido históricamente ciertos valores sociales como homogéneos de manera errónea. El punto de vista etnocentrista a la hora de legislar genera conflictos y tensión entre las diferentes culturas.

Existen numerosos tratados, informes y resoluciones de varios organismos internacionales que tratan la MGF de forma explícita, que han ido evolucionando conforme el conocimiento sobre esta práctica iba siendo más exhaustivo: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y la Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre la Población y el Desarrollo.

Hay dos textos que merece la pena ver con más detenimiento: la Carta de Banjul y el Convenio de Estambul.

Ahora es indiscutible que se trata de una clara vulneración de los derechos humanos.

La Carta Africana sobre los Derechos Humanos y de los Pueblos‘, también conocida como Carta de Banjul, fue aprobada en 1981 por la Unión Africana. Trata de recoger y proteger los derechos y las libertades básicas en el continente africano.

En su artículo 4 se establece que todos los seres humanos son inviolables y tendrá derecho al respeto de su vida y de su integridad y en el 5 se hace referencia a la dignidad inherente a todo ser humano y a la prohibición de infligir cualquier trato degradante, cruel e inhumano.

Por ello, aunque no haya una regulación específica la MGF puede ser perseguida a través de disposiciones legales sobre lesiones. Sin embargo, a pesar de las prohibiciones expresas a través de leyes, se trata de una práctica muy extendida y arraigada, por lo que a veces no se aplican los preceptos legales con asiduidad y uniformidad.

Además, la prohibición de la MGF sin un programa de educación y concienciación social provoca un encubrimiento de la práctica.

‘El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica’ o Convenio de Estambul es de 2011 y está ratificado por España. En el preámbulo se reconoce que la igualdad de iure y de facto entre mujeres y hombres es clave para la prevención de la violencia contra la mujer y reconoce el desequilibrio histórico entre ambos sexos.

El artículo 38 de este convenio hace mención específica a la mutilación genital femenina, obligando a las partes a adoptar medidas legislativas o de otro tipo para tipificarla como delito siempre que sea intencionado.

En España, en 2003 se modificó el artículo 149 del Código Penal para contemplar expresamente a las mutilaciones genitales. También se modificó la Ley Orgánica del Poder Judicial en su artículo 23.4 incluyendo la MGF como uno de los delitos perseguibles por los Tribunales españoles, sobre la base de la aplicación del principio de universalidad.

De este modo, en el artículo 23.4 g) se indicaba que la MGF era un delito grave que podría juzgarse siempre que existiese un criterio de vinculación, es decir, que los responsables se encontrasen en España.

Ahora bien, la aplicación de la jurisdicción universal, que permite juzgar en el país destino las mutilaciones realizadas en el territorio o país de origen, ha generado en las últimas décadas problemas internacionales y diplomáticos. Por ello, en 2014 la LOPJ es reformada para limitar el alcance de la jurisdicción universal.

De esta forma, los Tribunales españoles solo tendrán competencia cuando, además del principio de justicia mundial frente a la gravedad del delito y del vínculo de conexión con España, no haya conflictos con otros Estados.

CONCLUSIONES
La mutilación genital femenina no es una práctica superficial, sino que forma parte del tronco cultural de varias comunidades alrededor del mundo.

La globalización ha hecho que está práctica llegue, de una forma u otra, a los países occidentales y estos tengan que reaccionar ante ello. Es importante crear legislación específica que condene la MGF, pero también es importante legislar siendo conscientes de esa profundidad cultural que la rodea y hacer preceptos legales que de verdad aporten soluciones y protejan a las mujeres que la han sufrido y a aquellas que la puedan sufrir.

Es sumamente difícil realizar y llevar a cabo leyes y penas sobre un tema como este, pues puede caerse en el etnocentrismo y en el imperialismo cultural.

No obstante, tampoco debemos ser ajenos a ella y caer en el relativismo cultural. Es sumamente importante concienciar y educar sobre la MGF a todas las personas, para que poco pueda erradicarse, sin caer en la simple y burda condena de la práctica.

Para comenzar con este conocimiento y reflexión sobre la MGF, os recomiendo la película
Moolaadé”, una coproducción francoafricana de 2004 que narra la historia de un pequeño pueblo de Burkina Faso en el que se practica la mutilación genital femenina a través de la protagonista, Collé Ardo.

También podéis conocer y seguir la historia de Asha Ismail, una mujer que sufrió la mutilación genital femenina y que ahora es fundadora de la ONGD Save a Girl, Save a Generation, que lucha por la concienciación y la erradicación de la MGF, así como de los matrimonios forzosos y de cualquier tipo de violencia de género.

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