La ley de solo el sí es sí

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Los titulares son claros: El Congreso ha aprobado la Ley del “sólo sí es sí”. Acompáñame a analizar esta Ley que, por ahora, deberá seguir su curso para llegar al Senado.

Esta Ley pone en el centro del todo el consentimiento como el pilar fundamental frente al derecho de la libertad sexual. Pero, ¿cómo lo hará?

Comencemos por el principio: esta Ley nace de la famosa sentencia de La Manada. Como recordarás, jurista, la principal problemática en este caso fue la distinción entre abuso sexual y agresión sexual. Y no, no me estoy refiriendo al grito de algunos colectivos feministas en las manifestaciones que decían “no es abuso, es violación”.

Porque como bien sabemos los que conocemos el Código Penal, tanto el abuso como la agresión son en sí una violación -entendida en términos vulgares, no letrados-. Es por ello que el fondo de la cuestión en el caso Manada no fue si fue o no una violación, puesto que se partía de esa base, sino si se consideraba abuso o agresión.

La diferencia entre abuso y agresión sexual se fundamenta en el uso de la intimidación o violencia. El consentimiento es irrelevante en el caso de la agresión sexual, ya que es imposible que se dé, precisamente debido al uso de intimidación o violencia.

Por tanto, estaremos ante un abuso sexual cuando el autor del delito, sin emplear la violencia o la intimidación, realice actos de contenido sexual sobre la víctima sin su consentimiento y, por el contrario, siempre que emplee la violencia o la intimidación para doblegar la voluntad de la víctima, estaremos ante un delito de agresión sexual.

Comprendida esta diferencia, el caso de la Manada siguió siendo controversial, puesto que juristas de reputado prestigio así cómo algunos magistrados opinaron que se estaba delante de un caso de agresión sexual por mediar intimidación, aunque no violencia.

La diferencia entre abuso y agresión sexual se fundamenta en el uso de la intimidación o violencia.

Pues bien, ha llegado esta Ley para cambiar muchas cosas, así que, enumerémoslas:

ADIÓS AL ABUSO SEXUAL

El término abusos sexuales dejará de existir, para que todo acto sexual que se haga, sin consentimiento, se considere una agresión sexual, en el que únicamente se dará importancia a si hubo consentimiento o no, sin tener en cuenta ningún otro factor.

Por ello, a partir de ahora, la víctima no tendrá que acreditar una de las condiciones del Código Penal actual: la violencia e intimidación.

Esta nueva ley se alinea con el Convenido de Estambul, en el que cualquier acto sexual sin consentimiento se califica como violación. Y que toda violencia en contra de la mujer será un acto machista, sea cual sea el parentesco entre agresor y víctima.

Pero no somos los únicos: muchos países europeos cómo Reino Unido, Dinamarca, Suecia o, nuestro vecino, Portugal, ya han adaptado sus legislaciones cómo esta nueva Ley prevé.

“Solo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona”.

VÍCTIMA DE VIOLENCIA SEXUAL Y VIOLENCIA DE GÉNERO SERÁN LO MISMO

Si, juristas míos, tanto la ley 1/2004 cómo la 3/2007 y posteriores, hacían una clara diferenciación. La mujer víctima de violencia de género es aquella que ha mantenido una relación sentimental con su agresor.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo aclaró que “por relación sentimental” se entendía cualquier vinculo emocional, con o sin convivencia pero que, cómo mínimo, tuviera más de tres meses de duración o que, de ser más corta en el tiempo, se presumiera que era una relación emocional con tendencia a futuro.

Pues claro, a tenor de esta definición, toda aquella mujer que sufriera violencia sexual como la víctima del caso Manada, que no tuviera relación sentimental previa con sus agresores, no era protegida por la Ley de violencia de género.

Por tanto, no era considerada víctima de violencia de género, sino como violencia sexual. Puede parecer una nimiedad, pero existe una amplia gama de derechos de la víctima de violencia de género que dejaban de aplicarse a las víctimas de violencia sexual.

Así que, esta nueva Ley propone equiparar a las víctimas de violencia sexual con las de género. A partir de ahora, se acogerá un catálogo amplio en el Código Penal, desde las agresiones más leves, que no conlleven acceso carnal, o tocamientos esporádicos por desconocidos, a casos muy graves como la violación.

Por ejemplo, la violación con penetración exige una pena de doce años de cárcel, y con uno o más agravantes, de 15 años. Por lo que las penas, en sí, no se endurecen, aunque sí que se añaden otras y se amplían los casos.

Así mismo y para poder hacer frente al aumento de denuncias por agresión sexual, y la que se espera tener en los próximos años, se ha planteado la necesidad de crear un Juzgado por violencia sexual, y tratar estos problemas y casos, como se merecen.

LA APLICACIÓN MÁS CERTERA DEL CONVENIO DE ESTAMBUL

También, y con la justa aplicación del Convenio de Estambul ratificado por nuestro Estado, se ha contemplado la posibilidad de evitar el contacto visual entre la víctima y el agresor.

Esto, para la víctima de violencia sexual -e inclusive en casos de violencia de género- no siempre se cumplía en algunos juzgados.

La nueva propuesta legislativa pretende establecer una red integral de espacios para atender a las víctimas, ofrecerles una protección con policía especializada, así como trabajar en la prevención y la sensibilización en violencias sexuales en las escuelas.

Sin duda, esta nueva ley ha estado motivada tanto por agentes de justicia como juristas y así lo vemos con nuevas leyes y con la reforma de algunas ya inscritas en el Código Penal, como la Ley de libertad sexual.

LA HUMILLACIÓN SE CASTIGARÁ

En esta nueva ley sólo sí es sí, también se le da importancia a los comportamientos ofensivos que puedan hacerse hacia la mujer, como, por ejemplo, el acoso callejero.

Este acto será considerado un delito, ya que provoca el sentimiento de humillación a la mujer. La tipificación como delito de las expresiones, piropos, comportamientos o proposiciones de carácter sexual «que creen a la víctima una situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria».

Acarrearán multa o trabajos en beneficio de la comunidad o pena de localización permanente. Para eso la mujer agraviada tendrá que interponer una denuncia.

Pero seguimos en el siglo XXI y, con ello, la humillación hacía la difusión de videos sexuales. Como sabemos, hasta la fecha, este comportamiento entraba dentro del delito de revelación de secretos.

Pues ahora, si la Ley sale adelante, la difusión de fotografías y vídeos privados de contenido sexual sin consentimiento será una conducta que acarreará penas de tres meses a un año de cárcel o una multa de seis a 12 meses.

Y no sólo eso: compartir o reenviar por WhatsApp u otras vías este tipo de imágenes tras recibirlas será también objeto de una multa de uno a tres meses.

¿Qué se considerará delito de humillación?

  • Acoso Callejero
  • Difusión de fotografías y vídeos privados
  • Compartir o reenviar estas imágenes

Toda violencia contra la mujer será un acto machista, sea cual sea el parentesco entre agresor y víctima.

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